Promedio

El chango promedio puede correr unos treinta kilómetros todos los días, menos los domingos, que necesita que le revisen el pelo a ver si no tiene pulgas y bichitos. Con la hembra no se puede contar para arreglarle el pelo en ningún otro día de la semana porque está muy ocupada arreglando su propio pelo, escribiendo artículos para el periódico local o resolviendo ecuaciones cuadráticas.

Aunque el chango promedio puede correr unos treinta kilómetros todos los días, casi nunca lo hace, porque, pues la mera verdad, qué flojera. O sea, ¿quién en la vida va a tener la necesidad de estarse poniendo a correr treinta kilómetros todos los santos días? A menos que esté uno rodeado de tiranosaurios o cavernícolas o estés entrenando para el maratón de la Ciudad de México o algo así, la probabilidad de que necesite uno ponerse a correr treinta kilpmetrotes todos y cada uno de los días de la semana menos los domingos es casi completamente nula.

El chango promedio puede comer unas 732 termitas todos los días. Y esto hasta lo midieron en un laboratorio, con sus grupos de control y sus batas y sus portapapeles y el cuarto que de un lado tiene un espejo pero que del otro se ve para el otro lado y toda la cosa. Bien profesionalote todo. Quizás hubieran podido comer más, pero ya no aguantaban la lengua por las cositas filosas que tienen las termitas en la boca. Porque miren, se puede uno comer unas cien o doscientas termitas y se siente chistoso que son como picositas, pero ya que te echaste como quinientas se te empieza a inflamar la lengua y las encías se sienten como que ya se te desaparecieron y sientes como que los dientes se te van a caer. Así pues que 732 es, más o menos, el número de termitas que se habían comido los changos en el estudio antes de que empezaran a decir, "Chale, ps yo creo que lo que es hoy ya mejor le voy bajando a las termitas. Se me hace que ha de ser malo para los dientes. Además, al rato en el baño me voy a estar acordando*". Luego juran y perjuran que ya no lo vuelven a hacer y que ya nunca van comerse ni una termita, Dios mediante, y que a partir de mañana se hacen vegetarianos extremistas.

Y al otro día los que estaban haciendo el estudio les daban un tazonzote lleno de termitas recién salidas, y volvían a caer ante la tentación. "¿Pus es que pa' qué nos hacemos tarugos? Ya lo trae uno en los genes. Además, se siente rico lo picosito". La relación que tienen los changos con las termitas es casi casi la misma que tienen los humanos con el alcohol.

No digo que el chango se mete a la cantina a que le sirvan unas termitas y a ver si se liga a una changa. Nomás digo que si alguna vez te preguntas por qué nunca cumples eso que te prometiste en año nuevo, pues podrías echarle la culpa a tus primos lejanos y ver si no hay una incapacidad genética que te impide abstenerte de las cosas que te hacen sentir como si te hubieran aplastado la cabeza con una cascarita de limón enrollada en un lingote de oro más o menos grande. Así que la próxima vez que te estén fregando tus cuates porque te tuvieron que ir a sacar de un basurero atrás de un restaurante chino en Estrasburgo, mándalos a que lean el estudio que mencioné y vas a ver cómo luego van a estar a las risas. En serio.

Notas:
* Sí, que mal que hayas tenido que leer eso. Pero es que ni modo, así hablan los changos y uno no tiene más remedio que aceptarlos así como son.

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